Batalla perdida
Nunca pensé que vería el día en que Texas se pintara de azul en una elección para gobernador. Sin embargo, aquí estamos, viendo a Gina Hinojosa convertirse en la próxima gobernadora de Texas: una mujer mexicoamericana que recibe la responsabilidad de dirigir un estado cuya historia está profundamente ligada a la nuestra.
Y, por si fuera poco, Xavier Becerra ha ganado la gubernatura de California. Dos líderes mexicoamericanos se preparan para gobernar dos de los estados más importantes de nuestro país. Como mexicoamericano, siento un orgullo enorme.
Pienso en los jóvenes que están viendo estos resultados esta noche. En algún lugar, una niña latina está mirando a Hinojosa e imaginando un futuro que quizá nunca había considerado posible. Un estudiante que alguna vez se preguntó si su apellido o el origen de su familia limitarían sus oportunidades tiene hoy una razón más para creer en sí mismo.
Eso importa. Ver a alguien con raíces como las tuyas llegar a una posición de liderazgo puede cambiar lo que imaginas para tu propia vida.
Como mexicano que ha construido su vida en Estados Unidos, llevo conmigo un profundo amor por mis raíces y una enorme gratitud por las oportunidades que este país me ha brindado. Esta noche, esos sentimientos se encuentran. Nuestra historia forma parte de la experiencia, la perspectiva y la determinación que aportamos al servicio de este país.
En mi trabajo con empresarios latinos, conozco todos los días a personas que asumen riesgos, crean empleos, sostienen a sus familias e invierten en sus comunidades. Quiero que sus hijos crezcan sabiendo que pueden construir una empresa, dirigir una institución o llegar a los niveles más altos del gobierno.
Estas victorias también traen una gran responsabilidad. Las familias necesitan alivio ante el costo de vida. Los emprendedores necesitan acceso a capital y oportunidades para crecer. Los jóvenes necesitan buenas escuelas y caminos claros hacia empleos dignos. Nuestras comunidades merecen líderes que escuchen, gobiernen con integridad y entreguen resultados.
Debemos celebrar a Hinojosa y a Becerra, y también exigirles que cumplan con esas responsabilidades. El orgullo de sentirnos representados debe fortalecer nuestro compromiso de pedir cuentas a quienes nos gobiernan.
Pero esta noche quiero detenerme a valorar lo que significa este momento. Pienso en los padres y abuelos cuyos sacrificios ayudaron a abrir estas oportunidades, y en los niños que mañana despertarán con una visión más amplia de lo que pueden lograr.
Qué privilegio ser testigo de este momento. Qué razón tan poderosa para seguir participando, votando y abriendo puertas a quienes vienen detrás.
¡Qué orgullo! ¡Que vivan nuestras raíces y nuestra voz!




