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SAN DIEGO, California, EU, 4 de noviembre de 2026.- Hablar poco español no significa perder las raíces latinas. Los jóvenes conocidos como no sabo kids forman parte de una generación cuya identidad también se construye desde la familia, las tradiciones y el sentido de pertenencia, y cuyo potencial electoral se enmarca en el crecimiento del electorado hispano.
La expresión alude a decir “no sabo” en lugar de “no sé” y se utiliza para referirse a jóvenes de origen latino que no hablan español o tienen dificultades para expresarse en ese idioma. Entre ellos hay hijos y nietos de inmigrantes. Aunque el término puede usarse como burla, algunos lo han retomado para reivindicar su identidad, como documentó el programa Horizonte, de PBS.
El amor a la familia, la unidad y la cultura heredada pueden seguir presentes aun cuando las conversaciones cotidianas sean en inglés. En ese mismo programa, la académica Stella Rouse, de la Universidad Estatal de Arizona, explicó que estos jóvenes reivindican la familia, la cultura y su propia percepción de identidad como vínculos que van más allá del idioma. Esto no implica que todos compartan valores o preferencias políticas idénticas.
Su importancia electoral debe entenderse dentro de un panorama más amplio: Pew Research Center proyectó cerca de 39 millones de hispanos elegibles para votar en 2026, equivalentes al 16 por ciento del electorado nacional. Desde las elecciones intermedias de 2022, este grupo sumó aproximadamente 5.2 millones de personas con derecho al voto.

La juventud tiene un peso particular: según datos de 2024 analizados por Pew, 30 por ciento de los latinos elegibles para votar tenía entre 18 y 29 años, frente al 20 por ciento del electorado general. En California, los hispanos representaban 33 por ciento de las personas elegibles para votar.
Estas cifras muestran el potencial de participación de las nuevas generaciones, pero requieren una precisión: los estudios consultados no contabilizan a los “no sabo kids” como una categoría electoral propia. Por ello, no permiten determinar cuántos votaron el 3 de noviembre ni a qué candidatos apoyaron. Tampoco todos los jóvenes latinos tienen dificultades con el español.
Su voto puede influir en decisiones sobre educación, vivienda, empleo y el futuro de sus comunidades. Para quienes mantienen vínculos con familias inmigrantes, participar también puede ser una manera de expresar preocupaciones familiares desde una identidad que se vive en dos culturas, aunque no siempre se hable en dos idiomas.




