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SAN FRANCISCO, California, EU, 7 de octubre de 2026.- De pie sobre una escalera, con una paleta cargada de una mezcla de colores en una mano y un pincel en la otra, el muralista Josué Rojas retoca a una mujer de vestido rojo bordado que extiende unos brazos larguísimos sobre un pueblo de casas blancas y cielo naranja. Debajo de ella, un hombre con mochila, un niño y una niña viajan sentados sobre el techo de un vagón de tren, como los migrantes que cruzan México a bordo de La Bestia.
La obra es Enrique's Journey, que Rojas pintó en 2014 con la ayuda de su madre, María Esther García, y que, según la placa al pie del mural, está dedicada "a los migrantes de La Misión".
Es uno de los murales que este otoño se restauran en Balmy Alley, el callejón de una sola cuadra, entre las calles 24 y 25, que reúne la mayor concentración de murales de San Francisco.
"Este es el callejón que empezó la moda, el concepto de transformar lugares un poco descuidados en lugares importantes", comentó Rojas en conversación con Quadratín California, mientras señalaba las paredes. "Los lugares no solo son bonitos, también son inspiradores, con detalles políticos".
Al poner el primer pie en Balmy Alley, me quedé sin palabras. No podía dejar de mirar sus muros. Cada puerta de garaje, cada cerca de madera y cada fachada de este callejón cuenta una historia con colores.
Esa mezcla de arte y mensaje explica por qué el callejón recibe turistas durante todo el año. Con una calificación de 4.5 estrellas en Google Maps, Balmy Alley es un espacio para admirar el trabajo de decenas de pintores y, a la vez, reflexionar sobre la migración, las guerras en Centroamérica o la gentrificación del barrio.
Mientras los artistas trabajaban, distintos grupos de visitantes, con mochilas y sombreros, recorrían despacio el callejón, se detenían frente a las paredes, tomaban fotografías y terminaban conversando con los muralistas sobre lo que veían.

El proyecto cuenta con hasta 129 mil 294 dólares del programa municipal Community Challenge Grant, aprobado en julio para restaurar seis murales, cinco de ellos en Balmy Alley, según el medio Mission Local. Lo codirigen el artista mexicano Tirso González y Yano Rivera, conservador conocido en el barrio como el "doctor de murales", quien, según contó Rojas, redactó la solicitud de los fondos. No se restaurarán todas las obras, sino "unos cuantos, los que consiguieron el apoyo", dijo Rojas, quien se describió como "uno de varios" organizadores.
El trabajo avanza al ritmo de la luz natural. "En una obra de teatro, la cortina se abre y la cortina se cierra", dijo Rojas. "Para nosotros, la cortina es el sol".
Los primeros murales surgieron en 1972, cuando la educadora Mia Galaviz de González organizó un proyecto con niños del barrio para convertir un callejón inseguro en un lugar para las familias, según un ensayo del Museo de Arte Moderno de San Francisco (SFMOMA). En 1984, el muralista Ray Patlán reunió a decenas de artistas que pintaron 27 murales en protesta por la intervención de EU en Centroamérica.
"Cada mural que perdemos es parte de nuestro legado y de nuestra memoria histórica", dijo en julio a Mission Local Tirso González, codirector del proyecto
Según documentos de la ciudad, los trabajos en el mural más antiguo que sobrevive en el callejón, Coyolxauhqui has Something to Say (1972), de Irene Pérez, una de las fundadoras de Las Mujeres Muralistas, están programados hasta el 10 de octubre.




