Libros de ayer y hoy
Los partidos políticos se esfuerzan por dar la impresión de que las elecciones internas de aspirantes son un ejercicio justo y democrático; sin embargo, la ecuación es más compleja, porque están en juego las polarizaciones de los grupos internos y liderazgos en cada partido político.
Por ejemplo, Morena ya dio a conocer a 10 de sus 17 aspirantes a gobernadores, bajo la figura de defensores de la transformación. En ese ejercicio hay tres casos que son dignos de análisis: uno es la selección de Eugenio Gino Segura como coordinador estatal de la Defensa de la Transformación en Quintana Roo, un senador con licencia de 32 años, quien echó abajo las aspiraciones del candidato del obradorato, Rafael Marín Mollinedo (exdirector de Aduanas), y que fue un revés para Andy López Beltrán, quien había operado en el estado a favor de Marín.
El segundo caso es la designación de la senadora Verónica Díaz en Zacatecas, a quien se le vincula con la familia Monreal, quien fue cuñada de Ricardo y David Monreal, coordinador de los diputados de Morena y gobernador de Zacatecas, respectivamente. Lo interesante es que Ricardo Monreal ha cambiado su postura crítica contra Claudia Sheinbaum a una de defensa y apoyo incondicional a la presidenta.
El tercer caso es el de Julieta Ramírez, de Baja California, muy cercana a la gobernadora María del Pilar, quien es investigada en Estados Unidos.
En ese contexto, es importante revisar que ocho de los 10 coordinadores seleccionados ocupaban el primer lugar en el promedio de encuestas públicas realizadas para ese ejercicio; pero las excepciones fueron Verónica Díaz, de Zacatecas, quien ocupaba el tercer sitio, y Julieta Ramírez, de Baja California, que aparecía segunda.
En esos tres casos, existe un sutil maridaje entre encuestas y designación bajo otros criterios políticos; sin embargo, respetar en un 80 por ciento las encuestas como principal criterio de selección es de reconocerse, más cuando México padece una historia negra en materia de designación por lo que se conoce como: dedazo.
El Partido Verde y el Partido del Trabajo siguen funcionando como partidos bisagra que cada vez venden más caras sus adhesiones. Cada uno intenta administrar sus pequeños bastiones.
Movimiento Ciudadano permite registro de militantes y no militantes, también incluye encuestas internas y, finalmente, la coordinación nacional tendrá la última palabra. Su apuesta ha sido una nueva generación de políticos y el fichaje de personajes con buena trayectoria y marca personal, como la alcaldesa de León, Alejandra Gutiérrez, aunque también esos movimientos han generado detractores.
Por su parte, el PAN, encabezado por Jorge Romero Herrera, busca transitar hacia esquemas competitivos y erradicar las decisiones cupulares tradicionales, después de aprobar la reformulación de su sistema de designación de candidatos, estableciendo que el 100% de sus candidaturas para los procesos electorales rumbo a 2027 estarán abiertas a la participación de la ciudadanía. La realidad es que ese camino será largo.
Recientemente, en el estado de Guanajuato, bastión nacional del PAN, el partido en el poder hizo un ejercicio de designación de las personas Defensoras de la Democracia, la Familia y la Libertad, en nueve municipios de la entidad, la mayoría del corredor industrial, donde la encuesta entre militancia y ciudadanía era un factor preponderante, junto a otros criterios.
Entre las ciudades en disputa, destacan municipios del corredor industrial como León, la joya de la corona, además de Silao, Irapuato y Salamanca, por mencionar algunos.
Una vez que se dieron a conocer los resultados, todo parece indicar que el Comité Directivo Estatal del PAN pasó la prueba sin sucumbir a la tentación del dedazo o cargada por la buena relación con la cúpula en el poder.
Para cualquier partido político, democratizar la selección de candidatas y candidatos los hace más competitivos, más allá de la meritocracia o de las imposiciones.




