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OAKLAND, California, EU, 25 de octubre de 2026.- Más de dos mil 200 personas llegaron este domingo al Museo de California en Oakland (OMCA) para la 32ª Celebración Comunitaria Anual del Día de los Muertos.
La jornada de ofrendas, danza, música y rituales se desarrolló bajo un cielo despejado que permitió aprovechar por completo los jardines y las terrazas del museo.
La organización dio esa cifra cuando el festival apenas llegaba a la mitad de su horario, de 11 horas a 16 horas, y todavía entraba público.
“Normalmente esperamos unas dos mil personas para nuestras celebraciones culturales, y como tenemos buen clima, esperamos llegar hoy a unas dos mil 500”, explicó a Quadratín Triana Patel, gerente de Aprendizaje, Experiencia y Programación del OMCA.
Patel recordó que el año pasado el tiempo nublado y lluvioso redujo la asistencia, aunque la oferta fue la misma.
“Cada año cambiamos partes de la celebración, con distintos socios comunitarios y distintos artistas, pero la estructura se mantiene igual”, señaló.
El festival es uno de los más antiguos de su tipo en el Área de la Bahía. Según registros del propio museo, sus orígenes se remontan a 1994, cuando un grupo de artistas y residentes de Oakland propuso a la institución organizar una celebración comunitaria del Día de los Muertos.
“El Museo de California en Oakland comenzó esta celebración hace 32 años con el Consejo Asesor Latino y el comité voluntario del Día de los Muertos, que todavía existe”, detalló Patel.
Ese comité, integrado hoy por casi una veintena de voluntarios, trabaja durante varios meses junto con el equipo de programación del museo para planificar cada edición.

La continuidad se hizo visible desde el inicio de la jornada. La ceremonia de apertura estuvo a cargo de Danza Xitlalli, uno de los grupos de danza ceremonial azteca-mexica más antiguos al norte de la frontera con México.
De acuerdo con Patel, el grupo regresó este año por primera vez desde la celebración inaugural, hace 32 años, cuando también encabezó la apertura.
“Esa conexión fue muy especial para ellos y estamos felices de tenerlos de vuelta”, afirmó.

La celebración comenzó a las 11:15 horas con una procesión encabezada por el comité hacia el jardín, donde se dedicó la ofrenda central. La ceremonia de apertura contó con interpretación al español, al náhuatl y a la lengua de señas estadounidense.
La ofrenda principal de este año, titulada Sanando Corazones, toma el corazón como símbolo. Sus creadoras, integrantes del subcomité de instalación, la dedicaron a las familias del Este de la Bahía que han perdido a un ser querido y a quienes murieron este año a causa de desastres naturales y de la guerra.
En el campus se instalaron además ofrendas de escuelas, institutos y colectivos comunitarios. Una de las más visitadas fue la del grupo Madres, dedicada a bebés que murieron demasiado pronto.
El altar, coronado por unas alas blancas, estaba cubierto de osos de peluche, corazones bordados con nombres, pan de muerto y flores de cempasúchil, sobre un tapete de huellas de manos de colores. A su alrededor, varias familias permanecieron sentadas en silencio durante buena parte de la tarde.
Otra de las ofrendas, elaborada por estudiantes de distintas clases del Área de la Bahía, tuvo un marcado tono político. Su autor, un profesor conocido como Valdivia que imparte clases en el Este de la Bahía, San Francisco y Vallejo, explicó que el altar recuerda a personas que murieron por “cuatro diferentes heridas”: la violencia, la inmigración, la separación y la invisibilidad.
Valdivia contó que la reacción del público ha mezclado alegría y tristeza.
“Mucha gente está emocionada, con un poquito de alegría por todos los colores, y también tristeza de saber que hay tantas vidas que no deberían estar muertas, porque son muertos por el Estado”, afirmó.
Con la ofrenda, agregó, busca que el público reconozca “que estas cosas pasan todos los días y que necesitamos estar unidos”.
El escenario del jardín recibió a Los Cenzontles, al Ballet Folklórico Mexicano de Carlos Moreno, a La Gran Puchica y a la cantante Gina Madrid, además de lecturas de los poetas Sara Borjas y Josiah Luis Alderete.
En el anfiteatro se ofreció una clase de cumbia. En uno de los patios, decenas de asistentes recibieron una limpia, un ritual tradicional de sanación emocional.
“Tenemos mercado con vendedores que venden productos artesanales hechos en casa, vendedores de comida en la calle 10, hacemos limpias y tenemos talleres de arte, una demostración de tortillas y otra de calaveras de azúcar. Hay mucha diversión para toda la familia”, enumeró Patel.
Aunque el Día de los Muertos es una tradición de raíz mexicana, entre el público había familias de muy distintos orígenes. Patel lo atribuyó a la vocación del museo como espacio de cohesión social.
“Damos la bienvenida a todos para que vengan a conectar con su propia herencia y cultura o a aprender sobre la de otras personas. Aunque esta no sea parte de la cultura de tu familia, es una gran manera de aprender sobre la de alguien más y quizá vivir algo nuevo, o algo parecido”, dijo.
La entrada costó 10 dólares, con acceso gratuito para miembros y menores de 12 años con reservación previa. El evento contó con el apoyo del Consejo de Mujeres del museo.
La ofrenda Sanando Corazones seguirá abierta al público de forma gratuita hasta el 29 de noviembre, cerca de la entrada de la Galería de Ciencias Naturales de California.




